La espiritualidad en las familias

Artículos Familia | 12.jun.2011

Familias sin espiritualidad, origen de grandes males
Realidad Actual de las familias

 

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Familias sin espiritualidad, origen de grandes males

 

Realidad Actual de las familias

Desde hace días, en varias partes del país se han llevado a cabo marchas a favor de la paz en nuestro México, miles de personas han marchado; las familias seguramente se unieron para pedir que en nuestro país reine la paz, ya que en los últimos años se ha visto gravemente azotado por la violencia, que llena de horror y miedo a nuestro pueblo.

Se habla de delincuencia, de asesinatos, robos, fraudes, del aborto, de desintegración familiar, de violencia intrafamiliar, de drogadicción… violencia y más violencia.  Si en algún momento nos cuestionamos:  ¿De dónde vienen estos males que atacan a nuestra sociedad?, sin encontrar una respuesta satisfactoria, pronto olvidamos esta cuestión y nos perdemos en nuestros trabajo, preocupaciones y problemas de la vida, y cuando alguien nos quiere ayudar a responder esta interrogante, por ejemplo, si vemos algún escrito o reflexión: “La familia y os problemas que la atacan” o “La familia y la falta de Dios, origen de todos los males”, con tan sólo leer el título, decimos.  “Esto ya lo sé”, “Esto no pasa en mi familia” o, peor aún, y es lo más triste.  “Esto no pasa en México”.

 

Se preguntarán por qué escribo esto; lamentablemente es lo que hacemos la mayoría de las personas:  leemos  un artículo importante y nos parece aburrido; hoy en día, en las familias se hace aburrido hablar de Dios, tan aburrido que ni tocamos el tema, nos cansa.

Falta espiritualidad en la familia, por eso el hombre de hoy ha olvidado de dónde viene y a dónde va.

Origen del matrimonio  y la familia

Para entender mejor esta cuestión de la espiritualidad, veamos que el matrimonio es de origen divino, ya que Dios lo instituyó en el Paraíso cuando formó a Eva del costado de Adán, se la dio por compañera y dijo a la primera pareja.  “crezcan y multiplíquense (Gn. 2,18.21-24).  El matrimonio tiene un carácter sagrado, no accidental, sino natural, no recibido de los hombres, sino impreso por la misma naturaleza.  El matrimonio es una comunidad fundada en el amor, una realidad humana que tiene fuerza y profundidad.  Es el pacto de un hombre y una mujer con Dios, por eso se habla que es uno e indisoluble, uno y para toda la vida.

El  matrimonio es la base de la familiar, razón por la cual en la familia no debe faltar esa relación con Dios.  El catecismo de la Iglesia Católica nos habla de la familia cristiana, que se debe concebir y decirse de ella que es la Iglesia doméstica:  “Es una comunidad de fe, esperanza y caridad”, es decir, en la familia el cristiano comienza co su vida de fe, es el primer lugar donde escucha la palabra “Dios”, que es resumido también en el amor que los hijos ven en sus padres.  Ya les decía que cuesta trabajo hablar de Dios, pero ¿qué importancia tiene hablar de Él dentro de mi familiar? No basta con responder.  “Tiene muchas importancia” o “Para vivir mejor”.  Hay que responder y actuar: ¿Cómo queremos que nuestros hijos conozcan a Dios, si no oyen en casa hablar de Él?.

¿Qué nos dice el Catecismo sobre la espiritualidad?

El Concilio Vaticano señala los principales aspectos de la espiritualidad Conyugal y familiar: Los esposos tienen la gracia de una vida espiritual propia, de un camino propio hacia la santidad.

La fundamentación de esta espiritualidad conyugal-familiar tiene sus raíces en el Sacramento del Matrimonio, que alimenta permanentemente.

La familiaris Consortio dice:  Se trata de una espiritualidad en pareja y en el ámbito de las relaciones propias de familia: padres-hijos y hermanos, pues una espiritualidad individualista en el matrimonio no tiene sentido, ya que “los dos” asumen la tarea de la salvación del otro y de los hijos, por supuesto.  Deben buscar a dios en todo momento de la vida: en el trabajo, en las alegrías y sufrimientos, en la vida  íntima, en la oración en común, en la revisión de vida.  La espiritualidad conyugal no tiene sentido si no se encarna en hechos conceptos.  Es necesario pasar el amor vivido y compartido ente dos, al amor dentro de la familiar y del medio ambiente en que se vive.  Hoy más que nunca es necesario dar testimonio de vida como pareja, como familia e individualmente.

Como pareja: dando ejemplo de unidad e indisolubilidad, actuando juntos ante los demás, buscando juntos a Dios y amando compartidamente  a todos.

Como familia: siendo ejemplo de vida en comunidad, colaborando juntos y siendo apoyo de cada uno de los miembros en sus necesidades individuales.

Como individuo: actuando en todos los campos con honestidad, honradez, eficacia; atentos a las necesidades de los demás, tanto materiales como espirituales y prestando desinteresadamente nuestra ayuda materia, nuestra palabra amiga, de consuelo, de orientación, búsqueda, trabajo, etc.

Con esto quiero pasar a una entrevista que hice al Sacerdote Jesús Rivera, encargado  de la espiritualidad en el Seminario de Tacámbaro.  Veamos su punto de vista acerca de ese tema.

Importancia de la espiritualidad en la familia

¿Hoy en día es importante hablar de espiritualidad en la familia?

Es importante porque hoy más que nunca los problemas que hay en la sociedad, en el aspecto de las relaciones humanas, culturales, etc., en muchos aspectos de la vida de la persona, tiene que ver la falta de una espiritualidad en las familias, y eso se refleja en los valores de los que están muy carentes, porque no hay una espiritualidad fuerte.  Claro que en donde quiera se vive la espiritualidad; en todos las familias hay una espiritualidad, que es una experiencia de Dios; pero una espiritualidad fuerte es difícil de encontrarla, sólo en pocas familias, por el hecho de que nos e tiene una fe muy arraigada, y el acercarse a Dios es algo secundario; el hombre está interesado más bien en las cosas materiales; las familias piensan más bien en el qué tener, cómo sobrevivir ante las crisis que se vive hoy, cómo resolver los problemas familiares, de trabajo, de la vivienda, de la alimentación, los económicos en general, por eso es que no hay una dedicación, un esfuerzo grande de buscar a Dios, porque el hombre anda distraído y hemos dejado a Dios un poco a un lado, nos hemos distanciado de Él, pro las preocupaciones que traemos en la vida diaria, que nos ha generado precisamente esta cultura nueva el materialismo, y eso repercute en la espiritualidad que se debe vivir; hay poco interés en la piedad, por ejemplo, en vivir la oración, las tradiciones que antes se comunicaban de generación en generación y las costumbres que iban muy pegadas a la fe; muchas de las devociones que se tenían, se han perdido; creo que hace falta una experiencia de Dios en la familia, por eso es que se vive poco la espiritualidad; de ahí viene todo.

¿Cuál es el sentido de la vida de oración que debe llevar la familia, hacia dónde debe encaminarse?

– Debe ser sobre todo, una búsqueda de la felicidad en Dios; pensamos que todos remedia con el dinero, con las cosas materiales, y nos olvidamos de que la verdadera felicidad está en Dios, por eso lo descuidamos; creo que ahí está una razón fuerte de porqué se ha abandonado la espiritualidad más profunda y que nos haga falta encontrar la dimensión de una felicidad que está mucho más allá de lo material.

¿Qué debe hacer la familia para conseguir el hábito de la oración y tener una mayor espiritualidad?

- Lo primero es una experiencia fuerte de Dios; hoy podemos ver cómo muchas personas están transformando su vida, precisamente por tener encuentros donde pueden vivir una experiencia fuerte de Dios; hace falta conocer más a Dios y empezar por ahí, si queremos ver una familia transformada, de valores, llena de cosas que reflejen una vida de felicidad, debe comenzar uno por encontrar a Dios en esos lugares.  Hace falta experiencia de Él, por eso vemos cuántos  matrimonios se separan, se destruyen y abandonan a los hijos, porque no está reinando Dios en sus vidas por eso se toman las cosa a la ligera.  Tiene que empezar uno por encontrarse con Jesús; las familias necesitan experiencias de Dios, encontrarse con Él, por eso los cursos que se están viviendo ahora, los encuentros que se tienen de vida espiritual, los encierros, están teniendo mucho auge, porque están llegando al corazón del hombre, ahí se encuentra uno con el Señor, y eso es lo que ocupan las familias:  encontrarse con el señor, para que de ahí empiece una experiencia nueva, una relación distinta, un entenderse bien en la familia, comprenderse, respetarse, amarse, lo que quiere decir que estamos viviendo una vida espiritual cristina profunda, pero desde luego que nos hace falta eso: tener un encuentro co el Señor; de ahí debe partir la transformación de una familia, de tener experiencias de Dios, todos, no nada más la mamá, el papá y los hijos, sino toda la familia.

¿Cree que la falta de oración, de espiritualidad, de Dios, en general, está perjudicando a la sociedad y tenernos como resultado los problemas que vemos hoy en día?

-Sí desde luego que por no estar en contacto con el Señor, una relación profunda con Él y no buscar esa comunicación divina, se está vacío; si no tiene experiencia de Dios, el hombre está vacío, por eso fácilmente toma caminos equivocados, porque piensa que la felicidad está en las cosas materiales, y no en tomar caminos que nos llevan al Señor, sino más bien el fracaso.  Si una persona no vive su espiritualidad, una relación de fe profunda con el Señor, está débil espiritualmente y cualquier cosa puede hacerla caer, sucumbir, por eso es que se puede caer en la delincuencia, en grupos que se dedican al mal, porque es una persona que no está fortalecida con la Gracia de Dios; espiritualmente no tiene la fuerza que la ayude a resistir a estas tentaciones que llegan hoy en día, provocadas por el mal, y fácilmente puede caer en el crimen, el robo, el vandalismo, porque es una persona que no tiene experiencia de Dios, no tiene la Gracia, no tiene con qué luchar, no tiene las armas, la fuerza para distinguir el bien del mal y fácilmente cae en la trampa, se deja llevar por los caminos equivocados.

Es tarea de todos:

Con lo visto en esta lectura, ¿qué debo hacer? Está en cada quien; lo importante es que debemos ser iguales que la Sagrada Familia, que tiene por centro a Jesucristo; debemos volver a confiar en Él, decirle cuáles con nuestros problemas, qué es lo que nos pasa, lo que nos da miedo, nuestras alegrías y fracasos.

El sacar a Dios de nuestra vida nos trajo muchas consecuencias, tanto personales como de familia, pero aún, en “nuestro México”.  ¿Qué haremos para recuperarnos, primero a nosotros mismos, y qué haremos para recuperar esos valores que en nuestras familias hemos perdido y que con los que se están perdiendo en nuestro país?  Por último, ¿quiero que Cristo sea el centro de mi vida y de mi familia?

No es momento de buscar culpables de los males que aquejan a nuestras familias y a la sociedad.  La culpa de todo lo que ocurre en nuestro país, no es del Presidente, los senadores, y los diputados, y mucho menos el vecino que me cae mal; la culpa la tengo yo como padre, como madre, como hermano, como hijo, que no dejo que Cristo sea el centro de mi vida.

¡Que en mi familia,  Cristo no sea cuestión olvidada.  ¡Manos a la obra, y hagamos de las nuestras, unas familias más cristianas!

 

José Manuel Hernández Ruíz – Cd. Lázaro Cárdenas

 

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